Shoshani y Elie Wiesel, entre la admiración y el ansia de aprender

23/Jun/2026

Aurora- por Dr. Israel Jamitovsky

 

 

El próximo 2 de julio se cumplirá el primer decenio del fallecimiento de Elie Wiesel. Su vida y trayectoria son ampliamente conocidas, configurando un valioso referente del Holocausto y del relato jasídico.

 

Liberado del infierno nazi en Buchenwald, Wiesel se radica en París. En este espacio, traba contacto con personalidades de gran valía en el ámbito judaico y universal: el gran filósofo Emmanuel Levinas, el rabino Yehuda Askénazi (conocido como Manitou), el filósofo André Neher y, en especial, Shoshani, un enigmático y misterioso sabio al que he abordado desde esta columna en varias oportunidades.

 

Es interesante señalar cómo Elie Wiesel conoció a Shoshani. En cierta oportunidad, siendo muy joven y reciente sobreviviente del Holocausto, viajaba en tren en París para dictar una conferencia sobre el Libro de Job ante otros supervivientes del infierno nazi. Frente a él estaba sentado un hombre con una fisonomía totalmente abandonada y desprolija. Era Shoshani.

 

Comenzaron a departir y, cuando Wiesel le comentó su postura sobre su conferencia, Shoshani la descartó y cuestionó totalmente. Pese a ello, Wiesel no se amilanó y comenzó a escuchar sus disertaciones hasta convertirse en su alumno más cercano durante tres años.

 

En mérito a Shoshani, Wiesel pudo acceder a las grandes fuentes del judaísmo (Talmud, Cábala, Filosofía), amén de las grandes fuentes de la cultura universal, enriqueciendo enormemente su visión, la cual contrastaba con la educación tradicional que recibió en su infancia. A título de ejemplo:

 

Uso de las matemáticas y física para entender el Talmud: Shoshani se valió de fórmulas matemáticas, normas de la geometría y la física para solucionar tópicos talmúdicos.

Pensamiento judío y filosofía clásica: Impartió Biblia hebrea, Talmud y Cábala junto con filosofía griega clásica y filosofía moderna, evidenciando la influencia mutua entre ambas fuentes.

Lingüística multilingüe: Wiesel sostuvo que Shoshani dominaba treinta lenguas —antiguas y modernas—, lo que le posibilitó acceder a textos talmúdicos, compararlos con los idiomas clásicos y entender el contexto histórico de la creación judía.

Ciencias exactas como imperativo religioso: Sostuvo que el sabio judío debe conocer el mundo científico para calibrar en su real dimensión la intención que anima a Jazal (sabios judíos). Él mismo estudió matemáticas, física, química y astronomía al nivel más elevado.

Cuestionarse permanentemente: Shoshani infundió a personalidades como Wiesel y Levinas la duda, y requirió de ambos no conformarse con aceptar meramente los textos, incluidos los sagrados, sino estudiarlos y analizarlos desde una perspectiva crítica.

 

Fe erosionada

En uno de sus principales libros, La noche, Wiesel aborda con valentía el deterioro de su fe religiosa en mérito a la suerte que corrió su familia en el Holocausto y a su dolorosa experiencia. Aun así, Wiesel afirma claramente que continuó siendo creyente. Estimo que en este espacio pesó igualmente la postura de Shoshani, quien persuadió a Wiesel de que la fe no está compelida a brindar respuestas absolutas o servir necesariamente a título de consuelo.

 

Wiesel internalizó la postura de Shoshani de que la duda, las dificultades y el dolor configuran parte inseparable de la vida religiosa, y que los cuestionamientos y contrariedades son parte inherente del quehacer espiritual. Es viable incluso dialogar e incluso discutir con el Todopoderoso sin llegar a una ruptura total y definitiva.

 

Shoshani en la creación de Wiesel

 

La impactante figura de Shoshani afloró igualmente en la rica y numerosa creación de Wiesel, a saber:

 

Todos los ríos conducen al mar, estimada como la autobiografía más importante de Elie Wiesel; en el primer tomo le dedica un amplio y emotivo espacio a sus encuentros con Shoshani.

 

Leyendas de nuestro tiempo. El volumen se editó en 1968 —año del fallecimiento de Shoshani— y Wiesel le dedicó un capítulo entero bajo el rótulo El judío errante.

Monsieur Chouchani, elaboración dedicada al perfil de su maestro. En esta aproximación, Wiesel señala que, una vez acaecido el fallecimiento de Shoshani en Uruguay, se le apersonó alguien que se presentó en calidad de sobrino de Shoshani, le reveló el auténtico nombre de su tío (Hilel Perelman) y le solicitó conservar el secreto de su identidad.

 

Una última reflexión: Wiesel aprendió también de Shoshani que la genuina tradición religiosa judía implica, entre otras cosas, abogar por un mundo mejor.